HABLEMOS DE SANTIAGO DEL ESTERO

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Por Ariel Bulacio
Docente – Analista – Pastor Evangélico

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Hablar hoy de Santiago del Estero es hablar de una provincia que, mal que les pese a muchos, alberga en su capital a la Madre de Ciudades de la Argentina. Es hablar de una provincia ordenada, con equilibrio fiscal sostenido, y con indicadores sociales que suelen ser ignorados por el relato dominante.

Uno de ellos es el acceso a la vivienda. Según datos del Censo Nacional 2022, el 83,7 % de la población santiagueña posee vivienda propia, convirtiendo a la provincia en la que registra el mayor porcentaje del país, muy por encima del promedio nacional, que alcanza el 65,5 %. A ello se suman los programas de vivienda social y del Instituto Provincial de Vivienda y Urbanismo (IPVU), que continúan ampliando el acceso con miles de unidades entregadas cada año. Es cierto que aún persiste un déficit —ese 16,3 % concentrado principalmente en zonas rurales o sectores de alta vulnerabilidad—, pero negarlo sería tan injusto como desconocer lo ya logrado.

Hablar de Santiago del Estero es también hablar de Juan Francisco Borges, de Juan Felipe Ibarra, de la autonomía provincial y del federalismo. Ese federalismo que el centralismo porteño más rancio combatió históricamente, ya fuera con la espada, con la pluma o con la palabra.

Es hablar, además, de paz social. Y aquí surge una pregunta incómoda: si, como publican algunos medios nacionales, Santiago figura sistemáticamente en los últimos lugares de los rankings salariales, ¿por qué no es una provincia convulsionada o sumida en crisis permanentes, como ocurre en otros distritos? Esa respuesta, curiosamente, nunca aparece en esos análisis.

En los últimos días, la nueva piedra del escándalo para ciertos comunicadores —Viale, Feinmann, Trebucq, Majul y compañía— es el Estadio Único Madre de Ciudades. Antes fueron las torres de Educación y de Economía; ahora, la final del Torneo Clausura de la Copa Argentina. De pronto, Santiago “queda lejos”, “no tiene infraestructura hotelera”, “el estadio no es adecuado” —pese a ser uno de los más modernos de Latinoamérica—, “hace calor” y otras excusas tan repetidas como infundadas. Todo ello, a pesar de que ya se disputaron en la provincia innumerables partidos decisivos y finales de jerarquía nacional e internacional.

Lo que verdaderamente molesta es ver a una provincia en pleno proceso de desarrollo y transformación. Molestó que el MotoGP se haya corrido en Santiago del Estero en ocho oportunidades entre 2014 y 2023, en el Autódromo Internacional de Termas de Río Hondo, uno de los mejores de Sudamérica y con proyección para albergar, a futuro, competencias de Fórmula 1 o IndyCar.

Molesta que Santiago sea sede de la Pro League de Hockey masculino y femenino, con selecciones de primer nivel mundial como Argentina, Países Bajos, Alemania y Pakistán, en un estadio moderno y homologado bajo estándares internacionales. Molesta que sea fecha fija del Campeonato Mundial de BMX Racing UCI, con una pista de nivel olímpico, inspirada en la utilizada en los Juegos de Beijing 2008. Molestan los links del Golf Club de Termas de Río Hondo, elogiados en el circuito latinoamericano.

También sorprende —y a algunos incomoda— la transformación urbana y paisajística: una nueva Terminal de Ómnibus de primer nivel, edificios públicos modernos y una costanera sobre el río Dulce que enorgullece. De esto, sin embargo, los grandes medios porteños hablan poco o nada. Prefieren la sospecha, la denuncia sin pruebas, el “supuesto”. Las buenas noticias rara vez cruzan la General Paz.

A esto se suma el protagonismo del fútbol y del básquet santiagueño en el plano nacional e internacional, algo impensado décadas atrás. Pareciera que todo esto incomoda a quienes históricamente promovieron el sometimiento económico, político y social del interior profundo.

Molesta que una provincia que durante años fue el “orejón del tarro” hoy se siente en la mesa grande de las decisiones nacionales, con políticas de Estado sostenidas en el tiempo, desendeudamiento, desarrollo del turismo deportivo, crecimiento tecnológico, liderazgo en la producción de algodón y carne en el NOA, y una profunda transformación de la infraestructura urbana y energética.

Sí, falta mucho por hacer. Pero en los últimos veinte años se ha hecho muchísimo. Antes, el santiagueño debía migrar gran parte del año para sostener a su familia; hoy, Santiago trabaja todo el año.

Tampoco cuentan que, en julio, la provincia inaugurará el Hospital de Clínicas, que se proyecta como uno de los más modernos y complejos de Latinoamérica.

Duele y genera malestar que, con tal de ocultar noticias sensibles para el presente y el futuro de los argentinos, ciertos seudoperiodistas se ensañen con Santiago del Estero con liviandad y temeridad. Pero la verdad siempre sale a la luz, por encima de voluntades maliciosas y discursos cargados de animosidad hacia una provincia que crece junto a su gente.

La Biblia advierte sobre la mentira y la calumnia en varios pasajes. Proverbios 6:16-19 lo expresa con claridad:

“Seis cosas aborrece Jehová,
y aun siete abomina su alma:
los ojos altivos, la lengua mentirosa,
las manos derramadoras de sangre inocente,
el corazón que maquina pensamientos inicuos,
los pies presurosos para correr al mal,
el testigo falso que habla mentiras,
y el que siembra discordia entre hermanos.”

Que Dios nos ayude a distinguir la verdad de la falacia, el trigo de la cizaña, y a ver el vaso más lleno que vacío. Que no prestemos oído a los operadores del desencanto del pueblo.

Que Dios bendiga a Santiago del Estero.

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