A 10 AÑOS DEL NI UNA MENOS: MÁS DESAFÍOS Y DEUDAS

Ni una menos, 10 años. Un tres de junio de 2015 Chiara Paéz fue asesinada por su novio, el femicida Manuel Mansilla. En Rosario explotó la periodista, Marcela Ojeda, ella abrió el hilo que rápida y enérgicamente se hizo marea.
Siendo un puñado de fuerzas rotas, hartas y sostenidas, en la ambivalencia del miedo y el coraje, nos hicimos Una. Debimos pasar del dolor crujiente y la bronca amarga a las calles, queríamos que nos viera y oyera la clase política, la justicia, los medios, la sociedad. Nos envalentonaba la potencia de habernos organizado, mujeres y disidencias para agitar nuestra bandera bajo la consigna: Ni Una Menos. Ahí latimos todas, como pudimos. Una década después seguimos estando, por momentos a duras penas (entre la casa, el trabajo –mal remunerado-, el desempleo, los golpes, los recortes, la militancia y más); en silencio y más lentas; otras veces más furiosas, utópicas y bulliciosas. Hacemos lo que podemos.
A las históricas violencias estructurales hoy hay que sumarle la crueldad del Estado nacional que arremete con lo que supimos conquistar a fuerza de lucha y también de sangre. A los reyes del negacionismo les decimos que desde el 2017 a la fecha –dato actualizado al 29 de mayo- nos faltan 2.048 compañeras, 2.048 proyectos de vida, 2.048 mujeres y disidencias asesinadas por odio, machismo y misoginia. “En 2024, en la Argentina se contabilizaron 228 víctimas directas de femicidio y 19 víctimas de femicidio vinculado, lo que implica 247 víctimas letales de violencia de género. Las 228 víctimas directas de femicidio incluyen 220 mujeres cis y 8 mujeres trans/travestis”, publica la página de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Y en lo que va de este año el Observatorio Mumalá –Mujeres de la Matria Latinoamericana- contabiliza 93 femicidios, lo que equivale a una muerte cada 31 horas. A los que les gustan los datos duros y las cifras esquematizadas en grafiquitos pasen y visiten las páginas de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación https://om.csjn.gov.ar/om/ y del Observatorio Mumalá –Mujeres de la Matria Latinoamericana- https://mumala.online/observatorio
Los derechos que supimos conquistar. Con la ESI desatamos los nudos que nos ahogaron de dolor, con la Ley de Identidad de Género pudimos nombrarnos con orgullo y amparo, con los programas Acompañar, Producir, Ellas Hacen, entre otros logramos generar las herramientas necesarias para proyectarnos autónomas, con la IVE pudimos hacer de nuestros cuerpos un territorio de decisiones. El Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad no fue un curro ni un kiosquito kirchernerista, sí un espacio interdisciplinar –formado y humano- que acompañaba en los territorios, en las oficinas de todo el país, desde su redes y líneas gratuitas a miles de mujeres y disidencias. La información y el acompañamiento también son derechos, a fuerza de todo los seguiremos defendiendo. No daremos ni un paso atrás.
En estos diez años hubo un antes y un después del Ni una Menos. Cada femicidio, transfemicidio y lesbicidio, como expresión máxima de la violencia, nos interpeló a seguir organizándonos en agrupaciones y colectivos feministas y disidentes barriales, estudiantiles, obreros, populares; en rondas de amigas y vecinas, conocidas y desconocidas. Todas teníamos un denominador común: haber atravesado situaciones de violencia por razones de género, incluso muchas naturalizadas en nuestro decir y sentir. En nuestra piel y en nuestra voz estaba la matriz patriarcal con la que aprendimos a vivir, a convivir, con la que nos educó el sistema disciplinador. Y cuando esas matrices comenzaron a quebrarse, los privilegios rugieron. Los gritos, los golpes, el acoso callejero, la extorsión, la manipulación, el encierro, el hostigamiento empezaron a ser nombrados como tipos de violencia en la Ley de Protección Integral 26.485, solo por mencionar una referencia normativa a nivel mundial. (Para el papelito en la heladera o el post data: ley made in Argentina, o mejor dicho, Industria Nacional y Feminista).
A 10 años del primer Ni una Menos la planificación, la resistencia y la organización transversal, intersectorial, intergeneracional e interseccional son un desafío por demás de necesario y urgente, y complejo, muy complejo y tenso a la vez. Habrá que barajar y volver a redistribuir equitativamente, lo material y lo simbólico, en la casa, en el barrio, en el sindicato, en la universidad, en el hospital.
Mientras somos una menos cada 31 horas. Vivas y desendeudadas nos queremos.
