LA DOCTRINA DE LA CALLE DIO VUELTA LA BALANZA

Especialista en Estudios Culturales)
Los tres integrantes de la Corte Suprema de la Nación, Horacio Rosatti (presidente), Carlos Rosenkrantz (vicepresidente) y Ricardo Lorenzetti (ministro); los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola; el juez Julián Ercolini, entre otros amigos del poder económico y mediático; al igual que Mauricio Macri y su tropa de secuaces, querían tras las rejas a la ex presidenta, Cristina Fernández; pero finalmente el juez de ejecución, Jorge Gorini, dictaminó que deberá cumplir su condena bajo prisión domiciliaria. La decisión, sin embargo, no equilibra la balanza. Han tenido que barajar una vez más y jugárselas con las pocas y deshonestas cartas que tenían. No es justicia lo que han impartido, sí conveniencia y negociados. Para hablar de justicia se debería titular con la palabra absolución.
Cristina Fernández de Kirchner movió el tablero como solo ella sabe hacerlo, avizorarlo. Cambió la agenda mediática y política (también la electoral), y aceleró la judicial, tras su anuncio a la candidatura en la tercera sección en la Provincia de Buenos Aires. Había en Ella, tal vez dos intenciones en términos generales, una desbarrancar a la oposición, y por otro lado encender la llama de las bases militantes y de la dirigencia; y lo que ello conlleva. Aquí se abre un nuevo mapa que exige revisar acuerdos y pujas, bajo las huellas de lo que se supo hacer y desandar para reorganizar lo que no se supo o no se quiso ver.
El pelaje de los simios se enrula de odio cuando la voluntad popular tiene fuerza y se hace eco. La ratificación de la prisión domiciliaria, en primer lugar se debe a la infalible potencia peronista, nacional y popular que copó las calles del barrio Constitución, del mismo modo que en otros puntos del país. La proscripción perpetua tiene gusto a poco para los insaciables del odio y la persecución. Van por más. Van por todos. La resistencia envuelta en banderas, bailes, cantos, abrazos, sonrisas, choripanes, fríos, soles y lunas no podía trasladarse a Comodo Py, era demasiado amor, y en su lenguaje no entra. A ellos los enfila la doctrina de la ley y el orden y festejan hoy lo que supieron acordar.
No obstante, el campo nacional y popular no puede entregarse al festejo de una prisión, que por ser domiciliaria, no la hace menos injusta.
No es posible quedarse en el festejo de lo ilegal ni lo ilegitimo. Lo ilegal se viene viviendo con la causa Vialidad –dos veces abierta, desde el 2.008 hasta que se conoció la condena en 2.022 y la ratificación recientemente anoticiada este 10 de junio-. Y lo ilegitimo, es ese relato que supieron construir los voceros oficiales, autopercibidos periodistas independientes y denunciatarios. Ellos demonizaron la dignidad humana tras la movilidad social ascendente, con la narrativa de que la Argentina estaba hecha de los escombros de “La Chorra” y no de los derechos que supo legar. Legado que debiera ser obligación de toda gestión, pero que no todo gobierno obra para su cumplimiento.
Que los disturbios y las molestias ocasionadas a los vecinos de San José 1.111, que la tobillera, que los bailes y el balcón, que gente y la vigilia choripanera, etcétera, etcétera; no hacen más que mostrar el escenario nefasto y proscriptivamente medular que quieren perpetrar como modo de vida y organización social. Son patriarcales y antiderechos, les gusta, lo gozan. Pero tal vez desconocen que, aun en las contradicciones, en las complejidades y en las adversidades las bases, los vecinos y vecinas autoconvocados, la dirigencia en todo su espectro se ha vuelto a organizar porque están convencidos que volver a vivir con mayor dignidad es posible y es urgente. No son tiempos de lecturas binarias ni simplistas. La moneda puede girar en el aire hacia el destino menos pensado, y allí habrá que estar trabajando para que vuelva a salir el sol para todos porque “nadie se salva solo”.
