Las recientes crecidas del río Dulce, producto de las intensas lluvias registradas en la región, volvieron a poner en agenda un fenómeno natural propio del ambiente chaqueño semiárido. Más allá de las consecuencias urbanas y productivas, estos pulsos de inundación generan efectos directos en los ecosistemas y en la dinámica de la fauna silvestre de Santiago del Estero.
El magíster en Manejo de Vida Silvestre y docente de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), Javier Lima, señaló que estas crecidas “están vinculadas a la dinámica propia de los ríos del ambiente chaqueño semiárido” y forman parte de procesos naturales que pueden resultar positivos o negativos según la especie.
En el caso de los peces, el impacto es mayormente favorable. “Varias de nuestras especies, como el sábalo, el dorado y algunos bagres, necesitan del pulso de inundación de la creciente de los ríos. Con las temperaturas elevadas, su sistema reproductivo madura y encuentran su época propicia para la reproducción”, explicó el especialista.
Durante este período es habitual observar grandes cardúmenes remontando el río hacia aguas arriba. “Lo que están haciendo es encontrarse los machos con las hembras para liberar los óvulos y el esperma en el agua; allí se produce la fecundación y se garantiza la continuidad de estas poblaciones”, detalló Lima, al destacar la relevancia ecológica de estos eventos para sostener la biodiversidad ictícola regional.

No obstante, otras especies enfrentan mayores desafíos. Muchas están asociadas a las orillas del río, donde encuentran alimento y refugio. Cuando el agua crece e inunda esos microhábitats, deben desplazarse hacia zonas más elevadas. “Empiezan a salir a senderos y caminos, alejándose un poco de la orilla del río en busca de nuevos refugios”, indicó.
El aumento del caudal también provoca el desprendimiento de vegetación ribereña y de plantas acuáticas flotantes, como camalotes y repollitos de agua —hidrófitos— que son arrastradas por la corriente. En algunos casos, estas masas vegetales transportan fauna asociada, como arañas, culebras u otras serpientes.
Ante este escenario, el especialista recomendó extremar precauciones. “Es importante que la gente no se instale en las orillas y que observe bien la vegetación antes de tocarla, porque puede haber especies que representen un riesgo, sobre todo algunas serpientes venenosas”, advirtió.
Finalmente, Lima remarcó que las crecidas forman parte del funcionamiento ecológico del río Dulce. Comprender su dinámica no solo permite dimensionar su importancia para la biodiversidad, sino también fomentar una convivencia responsable con el ambiente en un contexto donde el tema ocupa un lugar central en la agenda provincial.
