“REAL FOOD”: LA TENDENCIA QUE PROMUEVE UNA MEJOR SALUD CARDIOVASCULAR

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Volver a los alimentos naturales y reducir el consumo de ultraprocesados aparece como una estrategia clave para prevenir enfermedades del corazón, aunque especialistas advierten sobre interpretaciones simplistas y recientes controversias internacionales.

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En los últimos días cobró notoriedad a nivel mundial el concepto de “real food”, una tendencia alimentaria que propone regresar al consumo de alimentos reales, mínimamente procesados, y dejar de lado productos ultraprocesados ricos en sodio, azúcares y grasas de baja calidad. El debate se intensificó luego de que el Gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, anunciara cambios en su pirámide alimenticia, priorizando carnes rojas, lácteos enteros y grasas saturadas.

Desde la Federación Argentina de Cardiología (FAC), a través de su Comité de Cardiometabolismo, analizan los beneficios de esta corriente, aunque advierten sobre la falta de evidencia científica sólida en algunos de los enfoques difundidos recientemente.
“El concepto de alimentos reales es valioso y necesario, especialmente en un contexto donde el alto grado de industrialización domina la oferta alimentaria. Sin embargo, no debe transformarse en un eslogan simplista ni en una nueva forma de ‘dieta milagro’. Desde la cardiología, lo verdaderamente importante es el patrón alimentario global, su sostenibilidad en el tiempo y su adecuación al riesgo cardiovascular individual”, afirmó el Dr. Diego Picchio, cardiólogo integrante de la FAC.

Volver a lo esencial

Actualmente, gran parte de la población se encuentra expuesta a un entorno alimentario dominado por productos ultraprocesados como hamburguesas, snacks y charcutería, caracterizados por su alto contenido de sodio, azúcares agregados, grasas de baja calidad y aditivos.

La iniciativa “real food”, impulsada desde distintos organismos de salud pública, busca promover patrones alimentarios basados en alimentos mínimamente procesados, accesibles y culturalmente adaptables. El objetivo es mejorar la calidad nutricional de la dieta cotidiana. “El énfasis está puesto en reconocer los alimentos por su origen, comprender su composición y reducir la dependencia de productos industrializados con bajo valor nutricional”, explicó Picchio.

Entre los alimentos priorizados se encuentran frutas y verduras frescas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, carnes, pescados, huevos y lácteos con escaso procesamiento industrial.

Impacto en la salud cardiovascular

Reducir el consumo de alimentos altamente industrializados permite contrarrestar factores de riesgo asociados a la salud cardiovascular, como obesidad, hipertensión arterial, diabetes tipo 2, dislipidemias y enfermedades cardíacas. Además, el especialista subrayó que “su bajo costo relativo y alta disponibilidad los convierten en un determinante clave de inequidad en salud”.

Desde la perspectiva cardiológica, las recomendaciones actuales coinciden en priorizar patrones alimentarios ricos en alimentos reales, como la dieta mediterránea y la dieta DASH. La primera cuenta con amplia evidencia epidemiológica y se basa en el uso de aceite de oliva como principal fuente de grasa, junto con un alto consumo de vegetales, frutas, legumbres, pescado y frutos secos. La dieta DASH, en tanto, fue diseñada específicamente para reducir la hipertensión arterial, con un enfoque en la restricción del sodio y el aumento del consumo de potasio, lácteos descremados y granos integrales.

En este sentido, la estrategia “real food” se alinea con estos principios al promover una menor ingesta de sodio oculto, mayor consumo de fibra, mejor calidad de grasas y reducción de azúcares añadidos.

Controversias y advertencias

Si bien el enfoque es respaldado por numerosos organismos de salud pública, el reciente cambio en la pirámide alimenticia estadounidense encendió señales de alerta. Priorizar carnes rojas y lácteos enteros incrementa la ingesta de grasas saturadas, mientras que relegar frutas y verduras contradice la mayor parte de la evidencia científica en nutrición y salud cardiovascular.

Por ello, desde la FAC remarcan que no se trata de seguir modas, sino de adoptar hábitos sostenibles y personalizados. “Comer alimentos no industrializados, es decir aquellos que presentan la menor cantidad de sellos negros en los envases, no es una moda: es volver a principios básicos de fisiología, metabolismo y prevención”, concluyó Picchio.

De esta manera, fomentar una alimentación centrada en alimentos mínimamente procesados se consolida como una herramienta poderosa para la prevención cardiovascular, siempre que se la aborde con criterio médico, educación nutricional adecuada y una mirada integral de la salud.

Fuente: Federación Argentina de Cardiología (FAC)

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