Luis Caputo, al frente del Ministerio de Economía, se mantiene como una pieza clave del proyecto económico del Gobierno de Javier Milei. Su estrategia gira en torno a una prioridad clara: estabilizar las cuentas públicas y consolidar un orden macroeconómico que permita reducir la inflación, reforzar las reservas y dar previsibilidad a los inversores.
Fiscalidad: déficit cero como “regla de hierro”
Caputo ha resaltado en múltiples intervenciones que el equilibrio fiscal no es un objetivo coyuntural, sino un ancla estructural de su gestión. En el “Council 2025 — Argentina, perspectivas económicas y políticas”, aseguró que no se moverán “un ápice” del programa económico, pese a obstáculos políticos.
Para él, la disciplina fiscal es la clave para generar confianza: “no vale la pena” aprobar un presupuesto si pone en riesgo la regla del déficit cero.
Este ajuste no es superficial: según su propio equipo, las transferencias a las provincias, la obra pública y los subsidios serán recortados progresivamente como parte del plan de estabilización.
Resultados: superávit que respalda su enfoque
La apuesta de Caputo parece dar frutos. En junio de 2025, Argentina registró un superávit primario de 790.533 millones de pesos, equivalente a 0,9% del PIB acumulado en el semestre, según informó el Ministerio.
Estos resultados ayudan a sostener el discurso de que el ajuste no es una medida de corto plazo, sino un componente central de un modelo económico más amplio.
Inversión y reformas estructurales
Más allá del ajuste, Caputo destaca el atractivo para la inversión extranjera. Durante la conferencia de la FIEL, afirmó que “el interés que hay en invertir en Argentina es fenomenal” y mencionó que hay 24 proyectos en el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) por un total de 51.000 millones de dólares.
En línea con esto, espera que las reformas laboral y tributaria —pensadas para reducir cargas patronales y simplificar la estructura impositiva— contribuyan a formalizar la economía y generar empleo.
Además, Caputo afirma que el impuesto más “distorsivo” es el inflacionario, y que el orden macroeconómico posibilitará un camino para bajarlo progresivamente.
Cuentas externas y tipo de cambio
En un reciente discurso en un congreso para pymes, Caputo se refirió al déficit de cuenta corriente —unos USD 5.200 millones según el INDEC— como algo “absolutamente razonable y hasta sano” para una economía que crece.
El ministro argumenta que parte de ese déficit se explica por una expansión de la inversión productiva (importaciones de bienes de capital), lo cual es positivo si fortalece la capacidad productiva del país.
Además, defiende un esquema cambiario “flotante” y relativiza la necesidad de intervenciones abruptas.
Tensiones políticas y amenazas al modelo
No todo es tranquilidad: Caputo ha señalado públicamente que ciertos proyectos legislativos podrían poner en peligro la meta de déficit cero. Según sus cálculos, algunas iniciativas de la oposición sumarían hasta 2,5 puntos del PIB de gasto adicional, lo que comprometería su estrategia fiscal.
Por otro lado, el ministro enfrenta presión desde varios frentes: hay debates sobre la reforma impositiva, la distribución territorial de recursos y la sostenibilidad a largo plazo de su modelo si se relajan las metas fiscales.
Proyección a futuro
- Sostenimiento del modelo: Caputo depende de mantener el superávit fiscal para legitimar su modelo de ajuste y atraer nuevas inversiones.
- Relación con el FMI: Es probable que busque consolidar un nuevo programa con el Fondo con condiciones favorables, aprovechando los resultados fiscales ya alcanzados.
- Reformas estructurales: Si puede avanzar con la reforma tributaria y laboral, podría reforzar su apuesta por una economía más competitiva y menos dependiente del gasto público.
- Riesgos: El mayor riesgo sigue siendo el legislativo: sin consenso, cualquier desviación fiscal puede erosionar la credibilidad del plan. Además, una vuelta al gasto elevado podría afectar reservas y desequilibrar su estrategia.
