COLUMNA LITERARIA VOCES DEL FARO PRESENTA A LA ARTÍSTA PLÁSTICA ESTELA ALVARRACÍN

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Por René Montoya

ESTELA ALVARRACÍN

“Voces del Faro”, es un emprendimiento literario colectivo que tiene como principal objetivo divulgar en toda la Provincia y la Región, las obras de Escritores Santiagueños en forma gratuita.

Hoy presentamos a la artista plástica, pintora y escritora; Maximiliana Alvarracín Zucal, seudónimo que uso Estela Alvarracín para escribir sus tres publicaciones: Tiempo de Azahares” (Poemario) y los cuentos Pasajeros de un Tiempoy Quetuvi con el que gano Faja de Honor Provincial otorgada por SADE – Santiago del Estero– el cual además fue declarado de interés Provincial y Cultural por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia.

Estela, estudio en Buenos Aires y desde niña comenzó a escribir cuentos y relatos hasta que descubrió la poesía y se enamoró de ella. Con un lenguaje claro y accesible relata paisajes, problemáticas cotidianas y recuerdos de su infancia, entre otras temáticas.

MIGRACIONES

El solitario hombre avizora inútilmente a su amada, sentado en un añejo banco del parque. Tarde gris de junio, el frío comenzaba a castigar. Caía el anochecer, brillando como una perla rojiza en el cielo.

Viendo ya el atardecer profundo, el anciano toma su gorra que permanecía a su lado, como un testigo mudo, compañía de su larga angustia.

Jorge Luis ya camina lento, sus pasos siguen como las hojas de los árboles, los brazos del viento. Gélidos días de junio.

Es un poeta de larga trayectoria, muchos premios literarios le pertenecen, casado hace más de cincuenta años con Alicia, bailarina, hermosa mujer. Ella hace más de diez años enfermó con alzhéimer, lentamente se fue yendo, comenta siempre él con voz entrecortada.

No tuvieron hijos, vivieron la vida intensamente, Nunca se separaron desde ese día que se conocieron en un teatro de revistas, donde Alicia era primera bailarina y brillaba en el escenario.

Jorge Luis hace el mismo recorrido todas las tardes hacia el parque, se sienta en un roído asiento donde contempla el paso de los transeúntes. Tiene la ilusión que verá llegar a su esposa, aquella escultural mujer, la de hace muchos años antes de su enfermedad.

Pero Alicia está en su casa, ella no lo reconoce, sus ojos color esmeralda ya perdieron brillo. No sabe si es de noche o es de día, vive sin recuerdos.

Al regresar su esposo de su diario paseo lo mira fijamente, sin entender quién es ese hombre que cuida de ella con tanto esmero y cariño.

Hace mucho tiempo por las noches el poeta se sienta a su lado y le recita poemas, esos que escribió para ella, su musa inspiradora de toda la vida. El anhela un solo gesto de su mujer, sigue enamorado, ese amor que no tiene edad y permanece en el tiempo.

Le cuenta anécdotas de sus años de juventud, los veranos intensos plenos de felicidad que pasaban en la cabaña de la montaña. Inolvidables noches bajo las estrellas, tomados de la mano.

Alicia que sólo mira un punto fijo, no entiende sus palabras, no recuerda nada de lo que le habla, es un mundo cargado de olvidos el que gira a su alrededor.

Jorge Luis sigue escribiendo, las mañanas al llegar el alba lo encuentra en su escritorio junto a su fiel máquina de escribir. ¡Palabras que brotan como manantial de su alma, es su pasión, su vida!

Por la tarde volverá a la plaza a esperar un milagro, El sueño de ver llegar a su mujer, que la enfermedad la libere y vuelva junto a él.

El viaje está llegando a su final, no quiere morir sin la mirada enamorada de su compañera. Partir juntos con su bella bailarina en un vuelo de aves. Danzando en lo alto del cielo, ceñidas sus manos, pecho a pecho, hueso a hueso.

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